domingo, 7 de agosto de 2011

Hotel Hacienda Sueño Azul, Sarapiqui.

En Costa Rica tenemos una innumerable diversidad de destinos impresionantes que visitar, con diferentes atractivos, algunos con unas magníficas estructuras y otros mas enfocados a lo rural, lo ecológico, en fin, para gustos: colores.

Sin embargo, la mayoría de las veces al turista nacional se le cierran las puertas antes de haber llegado: el enfoque se da exclusivamente hacia aquellos que poseen dólares o euros,  ya que los excesivos precios en los servicios limitan a aquellos nacionales que desean explorar. Pero la temporada existe, señores y señoras, y si los precios no se ajustan al turismo nacional se verán desaprovechando infraestructura, servicio, personal, producto, inversión y NOMBRE.

Para los ticos se han hecho muy atractivas las ofertas de "One Day Tour", sin embargo en algunas ocasiones no todo es lo que parece, por eso es que antes de decidirse por un servicio o atractivo es mejor informarse, por boca de otro usuario, ya que los web masters hacen maravillas, y las recepcionistas, pues... cambian de turno.

Para nuestro "One Day Tour"  de hoy, encontramos el Hotel Hacienda Sueño Azul en Sarapiquí, donde en el brochur y en la web se mezclan Naturaleza, Comfort y Aventura, en sus imponentes 500 hectáreas donde se ofrecen servicios, actividades y atracciones que llaman la atención del menos aventurero y despiertan la imaginación de los mas arriesgados. Rodeo, spa, yoga, cataratas, cabalgatas, rafting, canopy, piscina, jacuzzi, restaurante, mariposario, ciclismo, salón de conferencias, son parte de la teoría.

Al llamar, se ofrece un interesante "pasadia" por $25 por persona, que incluye almuerzo, uso de la piscina, jacuzzi y senderos, los demás servicios son adicionales. Al llegar al lugar la propuesta sigue en pie, HASTA que después de pagar, pasan un par de horas, la recepcionista que nos atendió termina su turno, llega otro encargado, la realidad es otra y las restricciones empiezan a surgir.

En ningún momento, ni el personal de recepción ni alguien mas del staff fue capaz de vender, mostrar u ofrecer los servicios y atractivos del lugar. Excelente si su "estrategia" sea la de "autodescubrimiento" del lugar, pero si su idea es tener un mayor impacto en el turismo nacional o no, la atención al cliente debería ser más esmerada, ya que en este caso hasta que estuvimos de vuelta, "autodescubrimos" la existencia de la piscina natural, el canopy y el mariposario. Ya es sabido y bastante abordado el tema de la diferenciación de trato entre nacionales y extranjeros, pero si los dueños del lugar al menos tuvieran como objetivo llegar al 15% de ocupación en sus más de 60 habitaciones, deberían urgentemente corregir sus estrategias.

El servicio de alimentación, no es malo, pero es MEDIOCRE con respecto a la visión del lugar. Ciertamente en el mercado borbón se puede comer realmente mejor.

Al dar un recorrido por las instalaciones, notamos varias cosas interesantes: (pese a que hicimos reservación)

1. Al llegar al "tablado" y las cuadras, se nos apuro a salir de ahi porque "ya se tenian que ir y dejar cerrado", esta de más decir que no había ninguna exhibición, corrida, o cualquier tipo de actividad. Un domingo...
2. Para usar el Jacuzzi hay que solicitar su uso con una hora de anticipación, cosa que hicimos al entrar con la recepcionista "1". Y  3 horas después de hacer la solicitud (con el cambio de turno) se nos dio el mensaje en la misma recepción, de que su uso no aplica para pasadías si no solo para huéspedes. O sea, que el almuerzo de mercado salió por $25 por persona. Más el viaje.
3. Al llegar al área del spa, no hay nadie en la recepción, y después de estar ahí unos 5 minutos, sale como recién levantada una de las terapeutas a ver "qué uno quiere".... Regresar a mi casa, gracias...
4. Para realizar cualquier tipo de caminata, hay que pagar un guía, como si uno no pudiera seguir un sendero...
5.Al César lo que es del César: el paisaje es bello, pero la infraestructura en partes se está cayendo.
6. Los precios del bar son caros, parece que quieren cobrarle a los pocos que se animan a ir lo que dejan de percibir por los muchos que no van.

Siempre el objetivo de una empresa es que sus colaboradores se identifiquen con la misma, y en este caso, lo hacen muy bien, ya que todos parecen tener SUEÑO.... para dar un servicio, una sonrisa o una explicación.  No es un lugar recomendable y mucho menos regresable.

martes, 2 de agosto de 2011

Incultura Gastronómica en Costa Rica

Bien sabemos que tiquicia es el país de las maravillas, donde la gente hacemos cosas como caminar  desde Pérez Zeledón a Cartago para que una figurita de piedra quede en deuda con un@, dar el numero del celular "al aire" para "hacer amigas",  hipotecar la casa para ir a Japón o Alemania a ver "la sele" perder... Pero que haya hoteles  en cuyos restaurantes se vendan hasta 60 platos de $60 cada día, y le quieran pagar a sus cocineros menos que a una recepcionista, es la respuesta a parte del maravilloso crecimiento de las cadenas hoteleras y al conformismo en el que caen los profesionales en esta área, recientemente academizada en la región.
Sabemos que la carrera de Gastronomía en Costa Rica comenzó su promoción alrededor de hace diez años seguida del barismo, la batendería y la enología, como respuesta al boom turístico que nos coloca a la cabeza de la región. Con esto los inversionistas en servicios de alimentación han tomado conciencia de la importancia de tener personal capacitado en el área, no hablo de personas con cursitos de cocina, sino de profesionales, para lograr la excelencia en el manejo, la calidad y presentación del producto, pero lamentablemente no han caído en cuenta de que ese cambio en el nivel de educación del personal, que los mantiene activos en el mercado TIENE UN COSTO, y este es muy superior a los $500 que se pagan en la mayoría de restaurantes.

Volviendo a lo de la Incultura, sabemos que esta depreciación del conocimiento no es cosa de los dueños hambrientos de capital nada más, sino que es una respuesta a al menos dos cosas: la "cultura del casado" (cuanto más, mejor y ¡ojalá a 2mil!), y al error del gremio al aceptar salarios con los que no se hubieran pagado ni dos materias... La desilusión de todos lo recién graduados: es más rentable trabajar en un call center que en los servicios de alimentación.


En países más desarrollados en esta cultura, al enólogo se le ve como un iluminado, al cocinero como un maestro, al salonero como una prueba viva de la cortesía y el servicio, mientras que en tiquicia, decir cocinero evoca a soda, decir salonero es casi una verguenza y decir enólogo es escuchar: ¿un qué, perdón?

La intención de este blog no es desmotivar a los profesionales o incentivar la mediocridad, sino crear un espacio de intercambio de opiniones e instar a un cambio de mentalidad.